me limpio los dientes con las cuerdas flojas

si hubiera sabido que llevaba un hombre al motel, habría preferido quedadarme en casa bebiendo solo. unos buenos implantes y mucho alcohol juntos pueden superar la magia del cine de hollywood.

no le descubrí hasta después de un largo beso, cuando metí la mano bajo su minifalda. allí me esperaba sigilosa la masa de carne sobrante. ésta colgaba, carente de erección. no debió ser un gran beso.

- mierda! - di un brinco hacia atrás.

- no me diga que no sabía - dijo él, extrañado.

- claro que no! - le grité.

pude leer con claridad el miedo en su expresión. por lo general a ese momento le sucedía una brutal golpiza. por fortuna para él, yo estaba tan borracho como para no haber notado los gruesos pelillos que emergían de su barbilla. mucho menos estaba preparado para una pelea.

- y entonces? - preguntó.

- entonces qué? - yo no supe qué hacer.

me pareció un desperdicio aquella habitación de paredes amarillas coronada con un espejo en el techo en el que se reflejaba la cama. todo ese lujo falso esperando por un poco de acción. no fue una decisión sencilla.

- bueno, una mamada - yo había oído hablar de la capacidad de estos tipos para chuparte la polla.

- pero paga lo mismo - él estaba a la defensiva. y no lo culpo.

- qué hijuemadre, sí - acoté - pero sin ropa... quiero ver eso - confieso que tuve curiosidad por la escena circense.

- no creo que le guste... -

- entonces nada - le interrumpí antes de que se aprovechara más de su buena suerte.

- está bien - dijo resignado después de dudarlo. qué vergüenza puede darle? pensé. el tipo tenía testículos y tetas y se acostaba con desconocidos.

sin yo pedírselo comenzó a bailar sensualmente al compás de una melodía imaginaria, o por lo menos una que yo no podía oír. al principio intenté hacerlo pero el zumbido en mis oídos aumentó al recostarme. el cuarto dio unas cuantas vueltas y finalmente se detuvo para la mejor parte.

en defensa del travesti, debo admitir que tenía buen cuerpo y que no se movía mal. he visto prostitutas más feas en incursiones al centro de la ciudad. su cintura era pequeña como la de una quinceñera, poseía un buen par de implantes y sus piernas eran dos esculturas a la perfección femenina. por un momento comprendí a quienes sostienen su negocio callejero.

- y no pagan impuestos - pensé en voz alta.

- qué? - preguntó él mientras se despojaba de la última prenda sobre su cuerpo.

- nada - iba a decir algo más pero toda noción de realidad se retorció ante lo que vi.

tuve que sentarme y aclarar la vista para enfocar bien aquella cosa.

- es de verdad? - pregunté aterrado.

- sí - dijo él con timidez.

el tipo no sólo tenía testículos pequeños y una verguita en minuatura. tenía dos! dos pequeñas cabezas que nacían pocos centímetros atrás en una bifurcación del pene.

me levanté de la cama para acercarme a esa cosa pero él me lo impidió. se apresuró a taparse con las manos cual niño timorato en las duchas del colegio.

- dicen que el presidente tiene una igual - comentó en medio de su estrés.

- qué? -

- lo mismo que el cardenal -

- imposible - exclamé - nadie puede tener una igual

- eso hirió sus sentimientos. - es señal de inteligencia! - refutó envalentonado y comenzó a vestirse nuevamente.

- qué hace? - le encaré.

- todavía quiere la mamada?

- lo medité dos veces. ietiene razónle, pensé. - tiene razón - dije.

se puso la ropa tan rápido como le fue posible. estuvo a punto de caerse de bruces al hacerlo. yo lo dejé en paz. la suya no debía ser una vida fácil. además comencé a marearme.

- sabía que hace cien años utilizaban el cine para persuadir a la gente para que no fumara? - le pregunté.

él no respondió. simplemente siguió vistiéndose

- ahora los gringos lo utilizan para que lo hagamos - concluí. miré por última vez ese par de piernas esculpidas en el cielo. era una lástima el error de cromosomas. esas bellezas le hubieran conse- guido cualquier cosa en otras circunstancias.

- va a pagarme? - quiso saber una vez terminó de acicalarse.

le pasé un par de billetes de diez mil. sentí que los valía.

- a las tabacaleras sí que les dan duro y siguen en pie - comenté. creo que en ese momento el tema me pareció interesante.

- yo no fumo - fueron sus palabras.

- ni yo

- salimos del motel en silencio y cada uno tomó su propio rumbo. el tráfico encendía las calles como si fuera navidad. pero no lo era.

 

NOTA: La ausencia de mayúsculas en el presente relato
hace parte del estilo del autor.

 

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Me limpio los dientes con las cuerdas flojas

Gabriel López Nieto


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